Le gusta llevar la contraria a las tendencias y ahora es conocido como el Mejor productor de América Latina en el Hot 100 de la revista “Billboard”.

El éxito de Ovy On The Drums está en no producir lo mismo que los demás. Hace la tarea de escuchar las canciones más sonadas en el mundo para no replicarlas. No le gusta sumarse a una tendencia, sino explorar sonidos que no se hayan escuchado y fusionar melodías que no se hayan mezclado.

“Hice un beat que todavía no lo he mostrado. Estaba en Bahamas haciendo música y cogí la cajita de los headphones, el sonido del cargador cuando uno conecta la laptop, también el sonido de cuando cae una cadena y uno mordiendo una papa frita. Grabé todos esos sonidos y es lo más raro que he hecho en la música”.

Tiene en su cabeza una caja de Pandora musical. Se sienta. Toca el piano. Cierra los ojos espera a que la música le fluya. Se para. Vuelve y se sienta. Se inspira. Toca nuevamente el piano. Lo que le gusta lo guarda. Luego lo sigue explorando. Puede cambiar de dinámica. No tiene un método definido para crear. La música simplemente le brota.

No siempre le ha brotado. En su infancia no tenía interés por lo musical. Su abuelo, un músico de orquestas, le enseñó a tocar la flauta y otros instrumentos, pero no le interesaba. Su madre también estuvo ligada a este ámbito, haciendo coros en un grupo de salsa. Tampoco era una opción para él. El fútbol sí. Quiso ser futbolista de talla mundial. Era lo que respiraba en la Comuna 13 de Medellín. Su sueño era ser como los grandes de su ciudad. Estuvo en la categoría profesional del fútbol colombiano jugando para el equipo Águilas Doradas. Insistía e insistía para escalar. Luego desistió. Supo que su camino no estaba por ahí.

Ese era su único camino. No tenía muchas opciones. La música lo había perseguido desde la infancia, pero no le prestaba atención. Un primo lo llamó a que lo acompañara a una producción. Él, después de salir de clases, lo acompañó. En ese momento cobró sentido la música. La escuchó diferente.